Cuidado, animales sueltos

PUBLICADOS

CUIDADO, ANIMALES SUELTOS

Diario de Menorca 14 Jul 2017

Hace unos días estuve a punto de cometer una imprudencia, casi una locura. Se me ocurrió que ir a los últimos días de San Fermín sería un buen plan. Ya saben, vivir la fiesta, conocer gente de todo el mundo, bailar, cantar, tomar pacharán. Pero mientras alistaba la mochila, una señora abogada y criminóloga decía en la televisión que mejor no, que si no quería verme en peligro, mejor no fuera.

—¡No vayas! — dijo.

Como no estaba prestando demasiada atención en ese momento, pensé que con esa maternal advertencia la susodicha se refería a los encierros y a la obvia probabilidad de salir lisiada en caso de exceso de valentía. Creí que hablaba de los toros y de sus ansias por salvarse, de su desorientación y de que al correr, el pobre no controla la media tonelada que pesa su propio cuerpo. Deduje que su mensaje alertaba a todos, hombres, mujeres y niños, sobre los problemas que podemos encontrar en una aglomeración de tales magnitudes. Como no estaba prestando atención, creí que cuando dijo “Si me meto entre leones y uno me araña…” en realidad se estaba refiriendo a los machos bovinos de cuatro patas y cuernos afilados. Pensé que hablaba de la bestia, de tener cuidado con el animal suelto y sus instintos salvajes.

Dejé la mochila abierta a medio hacer y subí el volumen de la televisión para escucharle mejor. No estaba hablando de toros. Ni tampoco era un aviso general dirigido a todos los públicos. Era a las mujeres a quienes nos instruía, a quienes nos aleccionaba sobre lo que debíamos hacer. Yo creí que cuando dijo “asume que hay riesgo” se refería a la temeridad de enfrentarse a un bicho de 600 kilos, y en ningún momento -no sé por qué, quizá por mi ausencia de miedos o experiencias nefastas con el género opuesto- caí en la cuenta de que no hablaba de animales fuera de sí. Hablaba de hombres. Nos reprendía a las mujeres por cometer la terrible insensatez de exponernos a cuarenta hombres ebrios y de, encima, tener el poco sentido común de esperar que no nos toquen, de exigir respeto ante el monstruo desencadenado.

En mi cabeza, tuve que rehacer de nuevo todo su discurso, cambiar al enemigo bóvido por el humano, y ser consciente de que lo menos peligroso de una fiesta de esas características son sus animales, lo que debe preocuparnos son los machos. Prefiero no llamarles hombres. Porque esa palabra encierra demasiada Historia, ética y valores, y nada de eso corresponde a la clase de individuo que cree que el cuerpo de una mujer es una invitación a divertirse a expensas de éste. Seguí escuchando a la señora que en su infinita sabiduría y paternalismo nos culpaba de estar en el momento y en el lugar adecuados, pero con los animales equivocados. Porque todo el mundo sabe que una señorita de bien y en sus cabales jamás se rodearía de testosterona alcoholizada, porque una señorita de bien sabe perfectamente que un macho bajo los efectos del licor es una bomba de relojería, y que sus manos y su miembro son incontrolables y susceptibles de estallar en cualquier momento. Una señorita de bien deshace la mochila, se queda en su casa y no va provocando, porque luego las quejas y los lloros no valen, nadie los cree si se lo ha buscado. ¿Qué llevabas puesto?

Mientras tanto el macho humano gana terreno, campa a sus anchas, mea y marca el territorio. Y así, unos liberados y las otras enclaustradas por el pánico, vamos construyendo una estructura social donde vivir en igualdad y libertad, ¿Verdad, Beatriz?

 

 

PUBLICADOS

Artículos, opinión, ficción.

CONTACTO

 

Email: hola@danielagarciatabares.com

 

© Copyright. All Rights Reserved.

Todos los derechos reservados