El verano de la posverdad

PUBLICADOS

EL VERANO DE LA POSVERDAD

Diario de Menorca 8 Sep 2017

Cada verano pierdo un poco de inocencia. Ha sido así desde la pubertad. Desde entonces, titulo mis estíos según el descubrimiento personal que me traen los días sofocantes y que cambia para siempre mi forma de ver el mundo: como todos, tuve el verano del amor, el del desamor, el verano de la revolución sexual, el del esclavismo -en forma de trabajo precario-, el de la muerte. Este año me ha sido revelada la posverdad.

Aunque el término es de una pedantería infumable, no se asusten. El concepto es complejo, pero su significado les es de sobra conocido: “aquello que las personas sienten ante un estímulo, sus emociones respecto de una idea o un líder, sus sensaciones subjetivas, priman en las decisiones que toman y son más importantes para ellos que la verdad misma”. Vaya. Así que no es más que la anteposición de las emociones en detrimento de los datos. ¿Les suena, cierto? Cómo no. Manipulación, propaganda, demagogia, falacia, estrategia, marketing, mentira. No voy a entrar en análisis morfológicos y semánticos, aunque bien merecería otro artículo -¿acaso dejamos atrás un periodo de verdad, como dejamos atrás la guerra?- ni pretendo debatir la necesidad de la RAE de incluir este neologismo traducido del inglés en su próxima edición del diccionario. Sólo quiero contarles de qué manera he visto la posverdad adueñarse de toda la información derivada de los acontecimientos nacionales durante este verano, y cómo este parásito, que tiene su ecosistema predilecto en las redes sociales, ha contaminado los hechos tergiversándolos hasta convertirlos en eslóganes simplistas a la altura de cualquier régimen doctrinal.

La posverdad hizo que Juana Rivas no fuese una madre huyendo de su maltratador, condenado por la justicia, para proteger a sus hijos, sino que era una mujer que había secuestrado a los niños de un pobre padre. Fue también la posverdad la que hizo que los vecinos azotados por el turismo masivo no fueran las principales víctimas de este capitalismo salvaje que destierra y expulsa, sino que eran unos radicales que no son conscientes de la gran riqueza que aporta a la economía dicho sector. La posverdad hizo que los empleados de la empresa Eulen del aeropuerto de El Prat fueran unos aprovechados y egoístas por llevar a cabo una huelga indefinida en plena temporada alta, obviando que su realidad laboral era de una insuficiencia inaguantable.

Todos estos casos tienen en común una sola verdad: que ésta ya no es relevante a la hora de lanzar juicios de valor. Ya no importan los hechos objetivos ni la verificación de los datos, interesa escupir titulares de fácil lectura en la que la opinión ya esté creada intrínsecamente. Porque no es lo mismo decir: Jefe de los Mossos d’Esquadra se niega a contestar en castellano, que, Jefe de los Mossos d’Esquadra se limita a responder en el idioma en que es preguntado. Como tampoco es lo mismo escribir: Los Mossos d’Esquadra no solicitan información al Cuerpo Nacional de Policía, que, El Cuerpo Nacional de Policía poseía información sobre el imán de Ripoll. ¿Notan la diferencia?

Lo ocurrido en Barcelona y Cambrils ha dejado un rastro de dolor y miseria personal. Los prejuicios han proliferado hasta un punto en que la posverdad, el enaltecimiento de emociones subjetivas, ha dominado por completo el debate colectivo.

He perdido varios contactos en Facebook y Twitter que compartían afirmaciones del tipo “No veo a ningún musulmán condenar el atentado”. ¿Cómo es posible ser tan sumamente perezoso? Sólo es necesario ser un poco curioso e indagar dos minutos en sitios web menos sectarios.

En definitiva, nunca hubo una era en que la verdad gobernara, y por lo que intuyo, lejos están los tiempos en que los ciudadanos trabajemos nuestras opiniones. Siempre será más fácil aprenderse de memoria un titular jugoso y sentencioso, que suene a verdad irrefutable, porque en la era de la posverdad lo más importante, no lo olviden, es que parezca verdad. Que lo sea ya es otro cuento que no nos incumbe.

 

PUBLICADOS

Artículos, opinión, ficción.

CONTACTO

 

Email: hola@danielagarciatabares.com

 

© Copyright. All Rights Reserved.

Todos los derechos reservados