arrastro mis raíces

DANIELA

GARCÍA

TABARES

HISTORIAS DE MIS DÍAS

 

Estos son mis días sin historia.

ARRASTRO MIS RAÍCES

 

Arrastro mis raíces como un árbol arrancado de la tierra, con todas las arterias secándose al viento. El mismo que al ser extraído del suelo le penden todas las tripas y deja en el suelo un cráter insalvable.

Pero esa herida abierta en la tierra sanó. Dio paso a las orquídeas y al oro, y donde una vez el árbol extirpado estuvo creciendo, elevándose hacia el cielo, ahora hay un campo que al anochecer se esconde, se da la vuelta, y se hace reversible. Se entierra a sí mismo, se cobija y se resguarda de la oscuridad, pues el campo sabe bien que es a la luz de la luna blanca cuando vienen quienes no tienen raíces y descepan las nuestras.

Llevo las raíces colgando y a cada paso que doy caen al suelo restos de mi tierra. Huelo a la humedad de los gusanos del trópico. El ritmo de los tambores que resuenan en las selvas de las que surgí se oyen vibrar en mi vientre. Mi piel es del color de las cortezas de los árboles que dejé atrás. Mi pelo tiene el color de ese segundo exacto en el que la luna todavía no ha aparecido de entre las montañas y la oscuridad sume las llanuras en el más cruel olvido.

Llevo mis raíces colgando y cada vez que me sacudo como un perro salvaje, todo se llena del calor del pacífico y lo que hay a mi alrededor empieza a sudar. Mis ojos del color del café, ese que nos inunda de norte a sur, están inyectados de la sangre que bombean los corazones de los indígenas, los seres humanos que emergen de dentro de las entrañas de la tierra y a quienes arrasan aquellos que en su piel, en sus ojos y en su vientre sólo tienen el vacío del progreso.

 

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