como siempre

DANIELA

GARCÍA

TABARES

HISTORIAS DE MIS DÍAS

 

Estos son mis días sin historia.

COMO SIEMPRE

 

Despertamos por el sonido de los pájaros que desayunan y por el sol que se filtra entre las tablas de madera de nuestras paredes. Las líneas de luz entran directas como láseres de una galaxia cercana. Hace frío pero no lo suficiente como para no bajar corriendo las escaleras y esconderme tras un árbol. Nuestros perros me encuentran antes que tú. Tú me encuentras porque mi risa produce un eco -más tarde me dirías que es el eco que quieres que te conteste cada vez que grites al vacío-. Estoy tumbada en el suelo ahogándome en mi propia risa y en la saliva que tengo por toda la cara en forma de besos caninos. Tú los apartas firme y cariñosamente con un hilo de voz pronunciando sus nombres. Me miras igual que se mira a algo que se acaba de descubrir. Me besas igual que se besa a algo por primera vez pero con la consciencia de que será la última. Nuestros perros nos miran y deciden que es mejor dejarnos solos. La tierra empieza a calentarse y las hojas crujen y crujen bajo nuestros cuerpos que se mueven con un movimiento de olas que buscan más olas. Me bajas el pantalón de felpa del pijama de patitos y te bajas tu pantalón de algodón rojo de propaganda. Hacemos el amor en dos o tres minutos a través de lo único que es necesario para fundirnos un poquito más de lo que ya lo estamos sin tocarnos. Es el último detalle. Una conexión física y de humedades encontradas que acaban por unirnos más allá de este suelo. Nos corremos suave y silenciosamente y yo vuelvo a reírme porque me pican las puntas de las hojas secas en el culo. Me besas en la nariz y en la frente y me dices que el desayuno ya está listo.

Esto fue lo que vi en una fracción de segundo cuando subí a lo alto de esa colina tras atravesar el lago. Estaba sola pero sin embargo nunca habías estado conmigo como entonces. Me metí en una de esas cabañas, descargué mi mochila y me dormí en el saco hasta que a la mañana siguiente un guarda forestal me echó gritándome en su dialecto. Antes de marcharme tomé esta foto y pensé que a la mierda el libro, mi carrera y los viajes sin rumbo, a mí que me busquen en mitad de la nada, de un bosque, en Canadá, China o Nueva Guinea, pero que para encontrarme se guíen por tu olor.

 

 

 

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