fiebre

DANIELA

GARCÍA

TABARES

HISTORIAS DE MIS DÍAS

 

Estos son mis días sin historia.

FIEBRE

 

La fiebre hace que me sienta frágil. No ya sin fuerzas, es que en este estado me resulta fácil imaginar que tengo alma y que ésta es un conjunto de huesos diminutos y quebradizos. La fiebre también tiene la capacidad de enaltecer los recuerdos más nimios y ahora mi memoria es como una de esas galerías de fotogramas rechazados de cualquier película basada en cualquier novela de Nicholas Sparks y que el director rehusó por demasiado sentimentalistas. Además, todo tiene banda sonora de un Yann Tiersen borracho de dolor.

Me convenzo de la idea de que si pudiera tocar tu barbilla con la punta de los dedos de mis pies mientras estamos tumbados en el sofá hablando de lo poco que se paga por el arte, de lo pobres que seremos toda nuestra vida, de la manía de la gente de trabajar, de lo poco que nos gusta cocinar, y discutimos si chino o kebab, y yo hago ver que tu voz tiene voto pero sabes que siempre gana el chino, y me muerdes los dedos de los pies y yo exploto en una risa de pánico por miedo a morir de cosquillas. Doy patadas desesperadas y una de ellas te da en la cara. Entonces me tumbo encima de ti y te beso los ojos y la nariz y las mejillas pidiéndote perdón. Te miro y evitas mis ojos para no estallar tú en un ataque de risa y que mi culpabilidad dure un poquito más. Y te beso, y empiezo a bajar y llego a ese concupiscente lugar donde quedarme a beber lo que me resta de ti. Y estoy segura y podría firmar que contra ese río no hay fiebre sahariana que sobreviva.

 

 

 

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