Historias de mis días

DANIELA

GARCÍA

TABARES

HISTORIAS DE MIS DÍAS

 

Estos son mis días sin historia.

REFLEXIÓN

 

Me deshice de todo lo que era. No ya de mis posesiones, sino de una vida que no me hacía sentir. Creo justo y necesario responder únicamente al camino. Me prometí a mí misma nunca más intentar ser alguien estable. Nada es permanente. Yo tampoco. No lo es lo que digo, lo que prometo ni lo que miro.

Sin fecha

 

INSOMNIO

 

Hoy hemos ido en busca de un colchón. Es la tercera vez en tres meses. Como en las anteriores, en esta ocasión también hemos vuelto a casa sin colchón. Qué imbéciles somos. Siempre llegamos a la conclusión de que son demasiado caros para nuestro presupuesto, pero en cambio siempre tenemos suficiente dinero para emborracharnos. Qué idiotas. Ahora son las 4:14 de la mañana. Llevo despierta más de una hora, tal vez dos. Sigue leyendo…

29 de junio 2016, Ciutadella

 

 

UN PERRO ENFERMO

 

Un perro enfermo vive conmigo. No fue mi elección, tampoco la suya. Pero un perro enfermo vive conmigo y con mi perra sana, mi pareja sana, mis plantas sanas. Llegó a mí por circunstancias de otras personas. Al principio eran sólo unos días, y no sabíamos que estaba enfermo. Es un perro viejo, muy viejo, tanto, que cada veterinario expulsa un silbido de admiración cuando decimos su edad, para acto seguido levantar los hombros en un gesto de resignación, un ademán que dice ya nada se puede hacer, es el desgaste de la vida. Ese gesto me hiere. No es mi perro, no he convivido con él ni he sido parte de su proceso, y puedo comprender que el cuerpo llega hasta donde llega. Pero sigue doliéndome la idea de la aceptación fría, fácil. Cuando supimos que estaba enfermo decidimos que se quedaría con nosotros hasta el fin de sus días. Sigue leyendo...

14 de mayo 2016, Ciutadella

 

 

 

LA FOTO EN MI CARTERA

 

Había mucha niebla. Los pilares iban apareciendo, presentándose ante nosotros como actores humildes que en el teatro salen a recibir el segundo aplauso, hacían reverencias y se dejaban alabar, ignorantes de su propia majestuosidad. Sé que él tampoco había visto nada como aquello. Fue difícil alcanzar la cima. Mi cojera crónica e intermitente, siempre traicionera, jodiéndome la vida en los momentos más bellos, decidió que aquella era una buena oportunidad para recordarme que todo lo que se anhela tiene dolor escrito en la frente. Él me ayudaba. Se ponía tras de mí y cogiéndome de ambas nalgas, empujaba con fuerza. Mientras lo hacía pensé en que aquella montaña eran todos los meses de amor, el nuestro, que hasta ese instante había sido un empeñarse en ascender en cinta eléctrica, el esfuerzo baldío de moverse y no avanzar, quedándonos quietos en el mismo lugar sudando chorros de palabras que mantuviesen con vida nuestros corazones desbocados. Cada paso me hacía temblar de dolor. Me acordé de nosotros en el aeropuerto, en ese adiós que hizo tambalearse a la esperanza, a los mañana, a los te prometo que. Cada vez que oía crujir mis huesos me venían los sonidos de sobres rasgados con prisas, nuestras cartas, todo lo que nos quedó por decir al oído y tuvimos que escribirnos, y que ahora, por fin, después de tanto, íbamos a decirnos en el lugar más remoto de la tierra. Cuando llegamos a lo más alto nos hicimos esta foto. La llevo conmigo en la cartera, y cada vez que la veo no puedo evitar pensar en sus manos en mi culo, en mi rodilla chirriando y en lo feliz que me sentí por descubrir que el dolor a veces supone tener a mi lado todas las promesas cumplidas.

22 de febrero 2016, Ciutadella

 

 

 

PEQUEÑO RECUERDO LEJOS DE AQUÍ

 

Hacía mucho frío. Eran las puertas del Tibet y todo nos parecía sagrado. Al despertar miré por la ventana pero no pude ver nada. El hielo cubría el cristal. No se lo dije. Sólo le pedí que se diera prisa, que quería ver cómo salía el sol. Tuvimos que quitar el hielo de la moto con nuestras manos. Nos costó mucho arrancarla. La bujía estaba congelada. Me abracé a él para calentarnos y me puse a pensar intensamente en una vez que el calor hizo que al ver un charco me tirara sobre él con la ropa puesta. Pero no funcionó. Dejé de sentir los pies y las manos a los pocos segundos. No hablábamos porque al hacerlo las grietas de los labios se abrían y nos sangraban. Condujimos sin detenernos. Llegamos al único punto de la carretera donde la montaña no tapaba el sol. Al bajarme de la moto le miré y tenía la barba y las pestañas cubiertas de hielo. Cerramos los ojos ante el sol y dejamos que nos descongelara. Le miré de soslayo y sonreía. Vi cómo el hielo de su barba se convertía en agua y goteaba. A nuestro lado pasó un yak. Inmenso, negro y peludo. Se dirigía a la sombra de la montaña. Hacía demasiado sol para él. Ambos nos quedamos muy quietos y observamos cómo se alejaba pesada y mansamente. Me di cuenta de lo lejos que estábamos de todo y lo poco que nos importaba.

15 de enero 2016, Moscú

 

 

 

VIENTO

 

Eres mi viento. ¿Has sentido alguna vez el viento soplando entre tu pelo? El viento mueve el aire. El aire es lo que respiramos. Está por todas partes, incluso aunque no podamos verlo.

Porque no podemos ver el aire. Y tampoco podemos ver el viento. Pero podemos ver el viento mover las cosas. El viento se lleva las nubes del cielo. El viento sopla las hojas secas de los árboles y hace remolinos sobre los lagos.

También puedes oír el viento. Cuando el viento sopla a través de las grietas de casa puedes oír como si alguien silbara. Y si sopla muy fuerte, puede sonar como un animal salvaje rugiendo. Puedes sentir el viento. Puedes abrir tu ventana y permanecer quieto notando como congela tu cara. Una fuerte ráfaga o una suave brisa. Así que no puedes verlo, pero puedes oírlo y puedes sentirlo. El viento puede transformar un paisaje, deshacer una roca. El viento mueve el aire. ¿Pero qué mueve al viento? Por favor, dime que yo.

17 de noviembre 2015, Wuhan

 

 

HOGAR

 

Tengo un hogar, muy lejos de aquí. Donde me esperan, me quieren, me extrañan. Pero es mi naturaleza sentir que mi sitio en el mundo es cada lugar donde todo lo que creo saber se destruye. Necesito estar en mitad de lo opuesto a mi lógica, en mitad de lo contrario a como yo he aprendido que se hacen las cosas. Me resulta imposible ver estas imágenes sin oler el tallo de loto al vapor y el intenso olor a madera húmeda con el que todavía puedo notar las termitas escarbando en mi cabeza. Sólo quiero rodearme de diferencia, de novedad, de yo nunca había. Pertenecer constantemente a algo hasta ahora desconocido aunque nunca llegue a formar parte de ello. Me basta con sentirlo, saborearlo, hacerle un hueco en mi alma y sentir como ésta se ensancha, se expande, y busca otros horizontes de colores y aromas distintos, porque esta curiosidad brutal e insaciable no sabe quedarse en un único hogar.

3 de noviembre de 2015, Cindian

 

 

ARRASTRO MIS RAÍCES

 

Arrastro mis raíces como un árbol arrancado de la tierra, con todas las arterias secándose al viento. El mismo que al ser extraído del suelo le penden todas las tripas y deja en el suelo un cráter insalvable.

Pero esa herida abierta en la tierra sanó. Sigue leyendo...

30 de octubre 2015, Wuhan

 

 

 

DEJA DE PENSAR

 

Deja de pensar que me conoces sólo porque sabes que leo a Bukowski, Kerouac o Gogol. Todas las locas les leen. He conocido a algunas -no muchas- que hacían lo mismo que yo. Es verdad que la mujer que lee a Bukowski siente amor por la autodestrucción lenta y placentera. Sigue leyendo...

21 de octubre 2015, Shanghái

 

COMO SIEMPRE

 

Despertamos por el sonido de los pájaros que desayunan y por el sol que se filtra entre las tablas de madera de nuestras paredes. Las líneas de luz entran directas como láseres de una galaxia cercana. Hace frío pero no lo suficiente como para no bajar corriendo las escaleras y esconderme tras un árbol. Sigue leyendo...

10 de octubre 2015, Shanghái

 

 

UNA PETICIÓN

 

Quiero gente que no hable de las cosas de siempre. Quiero que de la nada me pregunten si creo que voy a morir pronto o porqué creo que no hay vida más allá de esto. Me gustan quienes me hacen sentir que no sé nada. Sigue leyendo...

8 de octubre 2015, Shanghái

SER TUS OJOS

 

Lo que observo lo hago de una forma maníaca y obsesiva para enjaular todos los detalles que me ayuden a contártelo y traerte conmigo, por tener historias que explicarte y que te enamores un poquito más de mí -porque sé cuánto te gustan las historias-. Sigue leyendo...

2 de octubre 2015, Shanghái

 

 

FIEBRE

 

La fiebre hace que me sienta frágil. No ya sin fuerzas, es que en este estado me resulta fácil imaginar que tengo alma y que ésta es un conjunto de huesos diminutos y quebradizos. Sigue leyendo...

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