una petición

DANIELA

GARCÍA

TABARES

HISTORIAS DE MIS DÍAS

 

Estos son mis días sin historia.

UNA PETICIÓN

 

Quiero gente que no hable de las cosas de siempre. Quiero que de la nada me pregunten si creo que voy a morir pronto o porqué creo que no hay vida más allá de esto. Me gustan quienes me hacen sentir que no sé nada. Me gustan las mentes que van más rápido de lo que hablan y se les nota, los que no pueden callar lo que sienten o piensan por miedo a que se les enquiste ahí dentro y luego resurja en forma de bulto en alguna parte molesta del cuerpo.

Me atraen las mentes capaces de preguntar y responderse al mismo tiempo, los que en realidad no necesitan de nadie más para tener una buena conversación porque en realidad se bastan consigo mismos. Los que tienen prisa por contarte todo lo que han vivido porque ni ellos mismos se creen todo lo que han vivido. Los que hablan de todo lo que les queda por viajar, por pisar, por comer.

Las personas que vibran cuando hablan y te cogen de los brazos y te sacuden preguntándote verdad, verdad, right, right, todo el tiempo, y miran al cielo con los brazos extendidos extenuados por tanta pasión. Los que no te dejan contestar, los que te dicen yo te diré porqué a algo que acaban de preguntar, los que te miran fijamente para asegurarse que les escuchas y cuando raramente lo hacen sólo es para decirte exactamente eso es lo que quería decir. Me apasiona la gente que no habla de sus trabajos, de su vida familiar ni de dónde son. Que no inician una conversación con esas preguntas. Quiero que se me atraganten las palabras, que nos interrumpamos porque lo que estamos diciendo al mismo tiempo es la verdad, exacto, quiero que nadie crea que discute porque simplemente no les interesa si está bien o mal, porque no hay verdad o mentira hay una vida que están demasiado entregados a vivirla. A morirse en ella.

Los que te preguntan cuándo fue la última vez de algo o tu primera vez de esto otro, porque saben que en las primeras y últimas veces se encierran todos los puntos cardinales de una piel a flor de piel. Los que piden otra ronda sin preguntar porque saben que la conversación acaba cuando se nos echa del bar. Las personas que ríen alto y muy cerca de tu cara porque lo que dicen es lo más divertido del mundo.

Sí, estoy hablando de ti.

 

 

 

 

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