Feliz Navidad

MINICUENTO

Feliz Navidad

La radiodespertador rompe el silencio del alba y también le rompe el sueño. ¿Ya? Piensa, mientras intenta mover uno a uno sus dedos para entrar en calor y poder apagar el ruidoso aparato por el que ahora suena una cuña de Seguros Real. Todavía se siente cansada, desearía dormir hasta el abismo. Los dedos están tardando demasiado en recuperar su movilidad y respira hondo para pedirse paciencia. En la radio el locutor anuncia el viejo clásico de Carlos Gardel, y da el buenos días a los madrugadores con él. Con ellas quiero decir, te quiero, te adoro, mi vida. Manuela consigue por fin girar el cuello y por primera vez esa mañana puede mirar a Fermín, y un ojo se le humedece al verle tan dormido. Ojalá que de pronto recuperaras el oído y te despertaras con esta canción y la cantáramos de nuevo juntos, siente que piensa, porque no ha sido un pensamiento literal, no le ha dado palabras. Pero intuye en todo su cuerpo que esa nostalgia matutina es esencialmente la imposibilidad de ese deseo. La canción termina y Manuela recuerda que estaba intentando poner en marcha sus ajados huesos para apagar la radio. Por fin lo hace y de nuevo el silencio regresa y la acompaña como un perro que hubiese huido por un trueno. Sale de la cama, va al baño y el frío del inodoro en las nalgas acaba por espabilarle el sueño. Se lava las manos y la cara y observa el reflejo de su rostro borroso del que ya apenas reconoce la prominencia de sus pómulos. Vuelve a la habitación y le apaga a Fermín la máquina de la apnea. Dulcemente le retira la máscara y el tubo y le descubre la cara que a esas horas de la mañana le recuerda a la de un lactante, solo que arrugado. Pero todo: ojos, nariz, boca, orejas está dormido como si fueran partes de alguien sano y entero. Fermín, despierta, murmura mientras le zarandea todo lo que puede, lo que nunca es suficiente hasta después de varios segundos. Fermín abre los ojos y sonríe a Manuela, y ambos se sonríen con sus encías pálidas y los labios que ya hace años que tienen la forma del otro, y se besan como pajaritos tímidos en un nido construido por ellos mismos. Feliz Navidad, cariño. Feliz Navidad, Manuela. Luego pasean sin saber quién se apoya en quién.

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