Un padre

MINICUENTO

Un padre

Había viajado todo el día. Un bus me llevó hasta un valle atravesado por una única carretera y en mitad de la nada me soltó, como escupida, entre el asfalto y la arena. Allí, bajo el sol del sur, esperé unas tres o cuatro horas hasta que un tipo robusto apareció sobre una Chevrolet destartalada y vieja. El tufo a alcohol que desprendía era insoportable, pero no sabía cuándo demonios podría aparecer el siguiente. Cuatro horas más ahí y hubiese tenido serios problemas. Por aquí nadie viene apenas, de aquí en adelante sólo hay desierto, dijo el tipo, y eso fue suficiente para que me encomendara a cualquier dios y me subiera sin pensar. Condujo de prisa y sin mirar la carretera. Tenía la vista clavada en mí, pero al contrario de lo que solía ocurrirme en estos casos, su mirada no era lasciva. El tipo me repasaba de arriba a abajo como si fuera un objeto desconocido, algo así como si se encontrara en el vertedero una máquina pesada y antigua de la que nunca había oído hablar. Me ofreció su petaca, y yo me abracé a ella con amor. Enseguida me olvidé de la velocidad y la insolación, y del hecho de ser mujer, y empezamos a hablar como viejos conocidos que se reencuentran tras años de ausencias calladas. Esto es lo brutal de viajar sin rumbo, pensaba, amanecer hoy aquí y esta noche la suerte dirá, y a la mañana siguiente despedirme con lágrimas en los ojos por un nuevo y gran amigo al que nunca volveré a ver. Y así, día tras día el camino me brinda y me quita, me regala y me arranca casi al mismo tiempo lo mejor de esta vida, los espejismos de compañía. Porque en realidad son espejismos, no son verdad, porque la única verdad es que somos solos. Y en todo esto estaba pensando cuando el tipo frenó de pronto y se llevó las manos a los bolsillos. Me asusté. Aunque no demasiado porque mi cuerpo no tenía fuerzas para producir adrenalina. Sacó de su bolsillo izquierdo una cartera de piel roída, donde tenía guardada una foto arrugada y vieja de una mujer joven. Sos igualita, me dijo, y me tendió la foto. Cuando te vi de lejos por un momento pensé que eras ella y me estabas buscando, decía, y mientras hablaba lloraba por la hija que nunca apareció.


 

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