28A, Mi primera vez

PUBLICACIONES

28-A, MI PRIMERA VEZ

Diario de Menorca 25 Abr 2019


¿Cuándo fue la última vez que ansiaron algo durante años y al fin, llegó? ¿Recuerdan los días previos: el nerviosismo casi infantil, la alegría interior, el tiempo que no corre suficiente? Si lo recuerdan, me entenderán. Tengo 28 años y nunca he votado. El 28 de abril será mi primera vez, y aunque para algunos sea un gesto insignificante y protocolario, no pueden imaginarse lo que significa para quienes este derecho solo pertenece a los privilegiados que, además, no son siquiera conscientes de que lo son.

 

Votar es un privilegio. Como tal, no pertenece a todos ni cualquiera puede ejercerlo. Hay que ganárselo, hay que demostrar que se es digno de tener voz y esa voz debe, como mínimo, contar con el respaldo del estado español. Por supuesto, como en todo privilegio, existen quienes gozan de él por simple cuna o herencia: basta con demostrar determinadas ascendencias y el derecho resultará otorgado sin mediaciones. Verán, hay ciertas injusticias en estas burocracias que a una le afean el humor. Porque no me dirán que alguien que crece aquí, se educa, trabaja, se atiene a las leyes e impuestos, y en fin, padece y disfruta todo lo que carga un estado democrático, no debería tener cada cuatro años una mínima oportunidad de decidir qué es lo que más le conviene o considera justo. Pero el estado no respalda estas voces: las silencia. No tiene suficiente con que le demos nuestra mano de obra, dinero, o talento. Además hay que demostrarlo con pruebas imposibles para cualquier español de a pie.

 

Yo crecí aquí, me gradué aquí, trabajo desde la edad mínima legal, cotizo, consumo. Hace diez años, cuando debía haber sido mi primera vez, recuerdo haberle dicho a mis padres: pero qué más quieren. Mis amigos con dieciocho años decían sin remordimiento, que ellos pasaban, que qué rollo, si votar no sirve para nada. Qué rabia me quemaba dentro cuando les oía subestimar un gesto tan ansiado por otros que sí nos involucramos pero no hemos tenido la suerte de nacer en territorio meritorio.

 

Ahora soy una privilegiada. El estado ha considerado, tras una odisea de 7 años de papeles, apostillas, entrevistas y exámenes, que soy lo suficientemente española para tener voz. No era suficiente con ser parte activa y productiva de la sociedad. Tuve que contestar a preguntas, que, me perdonarán, nadie sabe por español sino por estudioso. Y qué tendrán que ver los Reyes Católicos con tener derecho a voto. Pues que no es ninguna novedad que el estado no facilita derechos a otras raíces, se llama racismo institucional. O imaginen por un segundo que, para votar, tuvieran que pasar un examen de cultura y gramática: a ver cuántos españoles de cuna gozarían de este divino derecho. Habría bastante con que los colegios se abrieran hasta el mediodía, y siendo optimistas.

Si de todas maneras no pensaban votar, cédanlo (pueden hacerlo en www.votaresunderecho.es). Pero por favor, voten aunque solo sea por ejercer un derecho que no es derecho sino un privilegio codiciado. Salgan y voten, por quienes no pueden, por lo que sea, pero hagan uso de ese gesto que puede cambiar el rumbo de un país.



© Copyright. All Rights Reserved.

Todos los derechos reservados