Ser de un lugar

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¿QUÉ ES SER DE UN LUGAR?

Diario de Menorca 6 Mar 2019

Con motivo de la Diada de les Illes Balears, el Govern lanzó una campaña maravillosa sobre diversidad, integración e inclusión, en la que tuve el placer de participar. Por si no la han visto o escuchado, en ella personas de distintas procedencias compartimos nuestros testimonios sobre cómo llegamos a las islas y por qué las queremos tanto.


Una de las preguntas que me hicieron en la entrevista fue: ¿Qué responderías si te dicen que no eres de aquí? No tuve que pensar demasiado. ¿Qué es ser de un lugar? Contesté. Pienso que es importante que nos hagamos esta pregunta, con urgencia, de inmediato. Somos de donde nacemos, de donde tenemos los primeros despertares de la razón y la conciencia, los primeros recuerdos, la adquisición de nuestros acentos, de costumbres que nunca erradicaremos, de tradiciones que, estemos donde estemos, haremos cumplir. Por supuesto, eso es innegable: las raíces son las marcas culturales que arrastramos por el mundo y hasta el fin de nuestros días.


Sin embargo, más allá de las reminiscencias que nos deja el lugar donde nuestras madres nos echaron al mundo, existe otro sentimiento de pertenencia que nada tiene que ver con el capricho del destino. Se trata de una pertenencia más lúcida, menos arbitraria, y en mi opinión, por ello más válida. Porque sí, somos de donde nacemos, pero también somos de donde queremos morir. Pido disculpas si sueno trágica: no encuentro alegoría que exprese mejor este pensamiento. La decisión de dejar atrás nuestros hogares, aquellos donde nunca se nos llamará extranjeros, es sin ningún tipo de duda, de las elecciones más duras y difíciles a las que alguien puede enfrentarse. Nadie abandona sus calles, su familia y sus amigos por gusto, y el hecho de que esto siga siendo necesario explicarlo, es de una gravísima crisis de humanidad.


Somos de donde soñamos, de donde queremos crecer, vivir tranquilos, andar en paz. Somos del suelo que pisamos, de la lengua que escuchamos, de las manos que cogemos. Y ningún individuo con aires de grandeza nacional tiene derecho a poner en duda o negarnos esta determinación. El otro día, Sergio del Molino, autor de La España Vacía decía: “Tan español es alguien que acaba de desembarcar en una patera, se ha acogido a un estatuto de refugiado y ni siquiera sabe hablar español ni muy bien dónde está, como un señor de Burgos, hijodalgo, con casa blasonada y descendiente del Mío Cid”.

Es tan simple como entender que tanto uno como otro, quieren permanecer bajo el mismo sol, respirar el mismo aire, criar, trabajar y envejecer bajo la misma sombra. Y eso es suficiente para cobijarse bajo cualquier gentilicio.


No se dejen engañar por quienes recurren a los sesgados y supremacistas eslóganes del aquí no cabemos todos, nos quitan el trabajo, vienen a invadirnos. No se dejen tratar como a criaturas sin escolarizar, quiéranse un poquito y abran un libro, escuchen al diferente, salgan de sus fronteras mentales y geográficas. Descubrirán que todas somos de este sitio y de ninguna parte, y que ser de un lugar es, llanamente, una elección que nadie puede contradecirnos, por mucha bandera que airee o muros que levante. Solo sean de donde quieran, y quieran de donde son.


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