La vecina de mi madre

DANIELA

GARCÍA

TABARES

LA VECINA DE MI MADRE

 

Hay una señora que vive enfrente de la casa de mi madre -mi antiguo y eterno hogar-. Vive allí desde antes de que yo naciera. Esta señora es solitaria, y está sola. Además colecciona basura. Nos hemos encontrado esta madrugada. Sendas puertas se han abierto al mismo tiempo y ella ha creído que era casualidad. Yo he dejado que lo creyera.

Al verme ha sonreído y se ha olvidado que no llevaba la dentadura postiza. Así de grande fue su alegría. He visto sus encías brillar rojas y pálidas a la luz blanca del fluorescente del rellano. Sacaba la basura a la misma hora de todas las noches. Me di cuenta de que lo hacía siempre a la una y cuarto cuando yo era una adolescente y tenía que esperar en el portal a que lo hiciera para poder subir a casa sin cruzarme con ella y que no me viera borracha y luego se lo contara a mi madre. Me ha pedido que le hablara sobre esos lugares perdidos, que es como le llama ella a todo lo que está más allá del portal. Le hablé de ti, del frío, del arroz y del licor de lagarto. Mientras yo hablaba ella se retorcía las manos como si escurriera trapos. Miraba a todas partes como si esperara que una parte del techo fuera a caer de repente. Se está muriendo. He estado esperando detrás de la mirilla demasiado rato y ahora me duele el ojo que tenía cerrado mientras espiaba su puerta. Supe que se está muriendo porque al subir las escaleras ya nada olía a podrido. Se había deshecho de sus tesoros. Antes de cerrar la puerta se ha tocado la nariz con el dedo índice y me ha dicho, así reconoceréis mi olor antes que las ratas.

 

 

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