ojo churuleco

DANIELA

GARCÍA

TABARES

BENDITO OJO CHURULECO

 

Estoy desarrollando un tic nervioso en el ojo izquierdo. Hacía tiempo que notaba un cansancio facial persistente y lejano, como si me hubiese pasado el día sonriendo falsamente. Últimamente, también notaba que la gente al verme se volvía para analizarme con más detalle. Yo pensaba, pues vaya qué observador está todo el mundo, pero resultó ser que creían que coqueteaba descaradamente, o con ellos, o con sus parejas. De hecho ahora entiendo porqué hará cosa de dos semanas, una mujer mayor se me acercó, tanto que pude oler su alitosis, y me dijo, eso no se hace. Obviamente creí que se trataba de otra grillada como tantas otras, de las que por cierto soy un imán, quizás como una premonición a lo que probablemente yo llegaré.

El caso es que el otro día me encontré con una antigua compañera del colegio. A mí hay muchas cosas que me molestan, pero fingir que algo me importa es lo que peor llevo. Se me llevan los demonios. Y claro, imagínese cómo se puso el ojo a titilar como luz de discoteca y a abrirse y cerrarse como si fuera a volar. Mi antigua compañera empezó a largar sobre su vida, y creo que el ojo sentía mi hipocresía porque se dio la vuelta sobre sí mismo, como un yoyó, y por un momento juro por Dios que pude ver mis propios sesos. Entonces la desconocida que dice ser mi amiga grita tía que te pasa, tu ojo, y yo ajena a todo mal le pregunto, cuál de los tres, y vuelve a gritar, tu ojo. Yo ya no aguanté más tanta histeria y me fui.

Cuando llegué a casa mi perra empezó a ladrarme en un gesto de desconfianza extrema. No me reconocía. De los humanos suelo hacer caso omiso, por su irritante costumbre de meter las narices donde no les llaman, pero si mi perro ladra el asunto es serio. Y sí, ahora mi ojo se cierra y se abre obligándome a hacer una mueca de demente desquiciada. Con los días me he dado cuenta de que, si estoy en mi salsa, es decir, con los míos, los que beben vino, o leo o camino con mi chucho o, en fin, todos esos placeres nimios que a una la hacen sentir a gusto, el ojo se relaja y deja la fiesta para cuando me toca ser aceptada socialmente. Pero ya nadie se cree esta mirada furtiva, y me está resultando imposible fingir. Bendito ojo churuleco.

 

 

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